Mamá,
Mamita, hoy quiero hablarte, aunque sé que ninguna palabra será suficiente para expresar cuánto te amamos y cuánto vamos a extrañarte.
Hoy no solamente despedimos a nuestra madre. Despedimos a la mujer que nos dio la vida, que nos cuidó, que nos enseñó y que dedicó tantos años a nuestra familia.
Mamá, tú fuiste nuestro abrigo en los momentos difíciles, nuestra luz cuando las cosas no eran fáciles y la persona que siempre encontró la manera de mostrarnos el camino.
Criaste seis hijos con tus manos, pero nos criaste, sobre todo, con tu corazón.
Nunca necesitaste levantar la mano para enseñarnos lo que era el respeto. Lo hiciste con tu paciencia, con tu ternura y sobretodo con el ejemplo.
Cuando éramos niños, muchas veces no comprendíamos tus sacrificios. Veíamos tus manos trabajando, tus preocupaciones y tus esfuerzos, pero no entendíamos todo lo que hacías por nosotros.
Porque no existe en este mundo un amor más grande que el amor de una madre.
Hoy, ya adultos, podemos mirar hacia atrás y comprender.
Si, hoy comprendemos que detrás de cada uno de tus seis hijos había una madre que luchaba, que se sacrificaba, que nos amaba y que nunca dejó de pensar en su familia.
Y hoy estamos aquí los seis, juntos.
Quizás este sea uno de los mayores regalos que podemos darte, mamita: el permanecer unidos, como tú siempre quisiste.
Porque si hoy sabemos lo que significa una familia, es porque tú nos enseñaste.
En cada abrazo entre nosotros habrá un pedacito de ti.
En cada reunión familiar estará tu recuerdo.
En cada lágrima y en cada sonrisa vivirá una parte de la mujer que fuiste.
Mamá, gracias.
Gracias por darnos la vida.
Gracias por tus sacrificios.
Gracias por tus consejos.
Gracias por cada abrazo y por cada momento que compartiste con nosotros.
Y gracias por enseñarnos que el verdadero valor de una familia está en permanecer unidos, especialmente en los momentos más difíciles.
Hoy te despedimos con lágrimas en los ojos, pero también con un corazón lleno de gratitud.
Porque tuvimos la dicha de tenerte.
Tuvimos la bendición de llamarte mamá.
Ser tus hijos ha sido uno de los regalos más grandes que Dios nos pudo dar.
Si pudiera volver al comienzo de mi vida y Dios me preguntara qué madre quisiera tener…
No tendría ninguna duda.
Te elegiría a ti.
Te elegiría una vez.
Te elegiría mil veces.
Mamita, ahora descansa.
Ya no tienes que luchar.
Ya no tienes que preocuparte.
Tu tarea está cumplida.
Nos dejaste seis caminos, pero lograste convertirlos en uno solo: el camino de la familia, del amor y de la unión.
Y nosotros te prometemos que mientras estemos juntos, tú seguirás viviendo en nuestros corazones.
Hoy te decimos adiós, mamá…
aunque en realidad queremos decirte:
Hasta luego.
Porque tenemos la esperanza de que algún día volveremos a encontrarnos.
Y cuando llegue ese momento, quiero abrazarte nuevamente y decirte:
Gracias, mamá.
Gracias por darme la vida.
Gracias por enseñarme a vivir.
Gracias por amarme.
Y gracias por haber sido mi madre.
Te amo y te amaremos con toda nuestra alma.
Descansa en paz, mamá.
Nunca te olvidaremos.